“Sepa lo que tiene que hacer y hágalo” es una frase que un
pintor uso y que a mi parecer explica brevemente el contenido completo de este
libro.
Este libro nos muestra detalladamente el quehacer de un
arquitecto, el como la arquitectura tiene que tener determinadas
características para hacerse llamar arquitectura u obra de arte; para ser
considerada una arquitectura real.
Son varios principios que se tienen que llevar a cabo para
que la obra arquitectónica realizada sea llamada obra de arte.
El primer capítulo es la lampara del sacrificio que habla de
que una obra arquitectónica en cierto modo tiene que responder al principio de
la belleza, que sea algo estético, aunque a veces no resulte muy funcional. La
obra misma tiene que tener un espíritu, un espíritu que se gana logrando que la
obra se realiza tal y como se planeó utilizando los materiales planeados y no
como en la actualidad que se busca remplazar los materiales por materiales más
baratos y así reducir el costo de la obra.
Las obras a la hora de destruirse o dejar de existir deben de
llevar su espíritu a la tumba y tienen que generar un sentimiento de adoración
en las personas que lograron admirarla.
El segundo capítulo habla de la lampara de la verdad y esto
se refiere al uso de los materiales directamente en obra, cosas que admiran los
expertos en arquitectura. En la actualidad podemos ver como se usan materiales
alternativos o simplemente se usa pintura para así tratar de imitar un material
que puede ser costoso, haciendo que la obra tenga cierto porcentaje de falsedad
y no sea realizada como fue planeada, haciéndola falsa a los ojos de las
personas que realmente admiran el arte.
El tercer capítulo habla de que la arquitectura es meramente
una imitación del ser humano a las formas que se ven en la naturaleza, el poder
que esta obra obtiene es gracias si se sabe cómo imitar las formas de la
naturaleza en su expresión más pura, no por mas colosal le quitara la esencia
que se quiere llegar, no importa el tamaño sino la manera de llegar a que la
forma sea parte del entorno.
El cuarto capítulo habla nuevamente de la belleza, pero en el
aspecto de la decoración.
La arquitectura siempre ha querido imitar las formas de la
naturaleza haciendo que una obra arquitectónica se sienta parte del entorno,
pero este capítulo nos dice que la decoración no tiene que ser necesariamente
con alguna forma de la naturaleza, solo si el espacio por si solo lo pido, sino
está de más y hace que el espacio sea menos confortable e incómodo por el
exceso de la ornamentación.
Se tiene que cuidar hasta el más mínimo detalle en una obra
para que esta sea funcional y cumpla con todos los principios.
El quinto capítulo nos habla de la vida, nos habla de que
cada obra arquitectónica debe de tener una esencia, darnos a entender que esa
arquitectura vive en cada rincón que se le vea, esto se obtiene a través del
diseño, la belleza y los materiales, no copiando ni imitando ninguna otra obra.
La autenticidad es parte importante en la arquitectura, cada
obra tiene que ser diferente y tiene que tener cada una su esencia.
El sexto capítulo habla sobre la memoria, sobre como cada
obra arquitectónica sea pública o privada nos debe de hablar de algo, contarnos
una historia, ser admirada y recordada con el paso de los años, no solo ser
construida con utilidad sino con belleza, hasta el más mínimo detalle de esta
obra tiene que contarnos algo, por más mínima que sea la historia.
Actualmente se busca más funcionalidad y la belleza puede dejarse
a un lado haciendo que las obras sean comunes y fáciles de olvidar.
Al final encontramos el séptimo capítulo que nos habla de la
obediencia que debe de tener una obra arquitectónica, esta obra tiene libertad,
pero esta libertad no debe de olvidar los principios para lo que se construyó o
de la manera que fue diseñada. No debe de existir una norma de diseño, la
arquitectura es un arte, es una forma de expresión libre para todo aquello que
la práctica.
En conclusión, es la opinión de un gran exponente de la
arquitectura donde nos indica todos los principios que se deben llevar a cabo
para que esta obra sea considerada arquitectura. Estos principios ya se han
olvidado últimamente y los practicantes se guían en el funcionamiento y no en
la belleza que es lo principal para la arquitectura, porque la arquitectura es
un arte y una forma de expresión.
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